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Barbijos de seda tradición minera japonesa.

Hace unos 150 años comenzaron a usarse en Japón aproximadamente en 1870.

En aquel momento, los trabajadores de las minas de carbón y las fábricas usaban mascarillas para protegerse del polvo. Se dice que las mascarillas negras eran las más populares, ya que la suciedad no se destacaba en este color.

Las mascarillas o barbijos más antiguos son las que usaban los mineros en la mina de plata Iwami Ginzan, un lugar registrado como Patrimonio de la Humanidad. Conocidas como Fukumen (literalmente, «máscaras de la suerte»).

Bases vegetales

Estas mascarillas se fabricaban aplicando taninos de caqui (un líquido producido mediante la fermentación del jugo de caqui) en varias capas de tejido de seda y luego colocando la pulpa de ciruelas entre las capas  eran objetos esenciales para los trabajadores de Iwami Ginzan.

Lo característico de ese entonces era que todas estaban hechas a base de plantas que podían encontrarse en la naturaleza.

Fukumen es  un juego de palabras: la palabra normal para mascarilla en japonés se pronuncia también Fukumen, pero se escribe con unos caracteres Kanji que significa «mascarillas para cubrirse». 

El nombre de las mascarillas de estos mineros toman el carácter Fuku («cubrir») y lo sustituye por otro carácter con la misma pronunciación Fuku, pero con el significado de «suerte». 

Este juego de palabras muestra la tendencia de los japoneses a prestar atención sobre las palabras y las frases que traen buena suerte.

Durante 1918 la  demanda de mascarillas aumentó rápidamente tras extenderse la gripe en el país. Más adelante, la gripe se expandió de nuevo en 1934, de modo que las mascarillas ganaron mucha popularidad en Japón como método para prevenir la infección. 

Desde entonces, las mascarillas no solo se extendían más y más en Japón, sino que se popularizó su uso  cada vez que había un brote de gripe. De esta manera, la práctica de llevar mascarilla si uno está resfriado o no se instaló  entre los japoneses.

La conciencia , el sentido de cooperación y responsabilidad de los propios actos y como impactan en el colectivo social hizo de esta práctica del cuidado un uso Convirtiéndose la mascarilla en un uso cotidiano.

En Japón, su uso actual se extiende tanto  para evitar transmitir gérmenes a otras personas si está resfriado o tiene una enfermedad infecciosa o la concurrencia a lugares públicos incluso aunque no se encuentren mal. Una razón para esto es la alergia al polen, una condición presente en el 30% de los japoneses. 

Es por ello que la seda y el uso de mascarilla uno lo asocia inmediatamente con Japón

Aquí les compartimos la nota anterior sobre  máscara de Seda y su eficacia con covid-19.

Fuente : Web Japan

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